Elegir bien el fotoprotector es una de las decisiones más importantes para la salud de la piel a largo plazo. No existe un único "mejor protector solar": el más adecuado depende de tu fototipo, tu tipo de piel y la actividad que vayas a realizar.

Pieles claras o muy sensibles al sol. Se recomienda un SPF50+ de amplio espectro, reaplicado cada dos horas y siempre tras el baño.

Pieles con tendencia a manchas o melasma. Además de un SPF alto, conviene valorar fórmulas con protección frente a luz visible, ya que esta también puede favorecer la pigmentación.

Piel grasa o con tendencia acneica. Existen texturas específicas en gel o "fluido" con acabado mate y fórmulas no comedogénicas, que no obstruyen el poro.

Piel de niños y niñas. Se recomiendan fórmulas específicas pediátricas, con SPF50+ y buena resistencia al agua, aplicadas generosamente y reaplicadas con frecuencia.

Un apunte importante. El fotoprotector debe aplicarse en cantidad suficiente (la mayoría de personas aplica bastante menos de lo necesario) y reaplicarse; ningún factor de protección "dura todo el día" con una sola aplicación.

Si tienes dudas sobre qué textura o factor se adapta mejor a tu piel, en nuestro servicio de asesoramiento dermocosmético te ayudamos a elegirlo sin compromiso.